DE LLOA A MINDO
Cuando el bosque te recuerda que estás viva


Esta es una de mis travesías que llevaba tiempo esperando y aun no puedo creer que me encontraba en Lloa, al noroccidente de Quito, lista para vivir esta experiencia que no se compara para nada con lo que imaginé. 

Desde el pueblito de Lloa avanzamos en una camioneta hasta el Río Blanco, un viaje de aproximadamente 45 minutos por una vía de tercer orden, desde ahí en adelante todo fue a pie, cruzando tarabitas, y el Río Cristal, un tramo donde todos nos apoyamos como grupo, para cruzar el río, y sí!! en ese momento sentí un poco de miedo, pero también la certeza de que todo iba a estar bien porque no estaba sola.

Hubo también tramos donde tenía que ir con mis cinco sentidos bien despiertos, reconociendo el camino antes de avanzar y en momentos me adelantaba sola por orillas del río o en medio del bosque para confirmar que la ruta fuera la correcta, y así todos pudieran avanzar con confianza. En realidad es una responsabilidad que llevo conmigo en cada aventura y no solo por mi, sino por quienes me acompañan porque a pesar de ser un grupo de amigos con las mismas condiciones físicas y conocimientos, la idea nació de mi y eso me hacía sentir mucho mas responsable de que todos avancemos bien, de principio a fin.

El primer día caminamos siete horas, casi 17 km en medio de montañas que parecían no tener fin, atravesamos hormigueros, pasamos junto a rebaños de vacas, orquídeas en cada paso, mariposas y con esa neblina que se movía despacio, como si el bosque respirara; el aire ahí cambia apenas entras, huele a tierra húmeda, a vegetación, a algo parecido al silencio pero lleno de sonidos propios de la naturaleza como el de las aves y el caudal del río. Al finalizar el día, todos realmente cansados, encontramos un lugar para descansar.

Al día siguiente caminamos por senderos rodeados de grandes árboles y riachuelos, por un momento me detuve frente a una cascada, y ahí entendí por qué la gente que vive cerca del bosque habla distinto de la naturaleza, porque disfrutar de una experiencia rodeado del bosque nublado no tiene comparación, no se trata solamente de llegar a una cascada o conocer un lugar bonito; se trata de sentir el silencio, escuchar el agua, respirar ese aire y entender que estamos entrando en un espacio que merece ser cuidado. 

Caminando hacia lo desconocido

No se imaginan la alegría que sentí ese día al encontrarme sobre el puente del río Cinto, era esa sensación de saber que después de tantas horas y esfuerzo, finalmente habíamos logrado nuestro objetivo, una ruta de 24km, pero la aventura todavía no terminaba. Para salir hacia Mindo, encontramos un pequeño camión que nos llevó hasta el centro del pueblo, y fue ahí donde finalmente dimos por terminada esta aventura.

Y lo que más me marcó de estos dos días no fueron solo los paisajes, aunque son de esos que valen la pena, fue esa sensación de estar completamente presente, sin pensar en nada más que el  siguiente paso, el siguiente sonido, la vista y ese tipo de calma que únicamente te da la naturaleza. Así entiendo mis viajes: no como una lista de lugares que visitar, sino como experiencias que se quedan contigo, que te cambian así no quieras.

«Si algo de esto te movió por dentro, Lloa – Mindo es una de las próximas

rutas que quiero compartir contigo»